LAS OTRAS VIDAS DEL LIBRO DE ARTE COLABORATIVO

LAS OTRAS VIDAS DEL LIBRO DE ARTE COLABORATIVO

Cristina Trigo

DOI: 10.24981/978-989-20-5401-9-Santiago-CT

Voces en el tiempo y en el espacio

El libro de arte colaborativo es una suma de voces, miradas, acciones plásticas y visuales, recorridos individuales que se amalgaman o alejan entre sí. Toma como referencia el libro de artista y, por sus características especiales, éste se convierte en un medio que ofrece muchas posibilidades de experimentación: el juego con el tiempo, al poder pasar sus páginas, retroceder, desplegarlas y leer un discurso plástico en secuencias espacio-temporales; la posibilidad de unión entre la pintura, la escultura, la poesía experimental, las artes aplicadas, el libro de edición normal, y los más diversos procedimientos artísticos y elementos plásticos tradicionales o innovadores como el CD o el video. Todas estas múltiples combinaciones proporcionan un sentido lúdico y participativo a la obra, ya que el libro de artista se puede ver, tocar, oler, hojear, manipular y sentir. (Antón y Gómez)

El libro de artista es interdisciplinar, se abre a diferentes enfoques, técnicas o lenguajes que son utilizados como metáforas. Se transforma la información semántica del lenguaje en información estética por lo que la ambigüedad se convierte en el lenguaje natural de los creadores visuales; es el fin y el medio (Antón y Gómez, 2017). En la encrucijada entre el contenido y la forma se genera un espacio artístico polisémico y universal y es, precisamente eso, lo que lo hace universal (Polo, 2011).

En este proyecto el libro de arte colaborativo viajó por diferentes países, de mano en mano, de unas situaciones a otras, sin saber en muchos casos qué lo precedió y qué ocurriría después. La participación de múltiples creadores así como la itinerancia a través del correo postal o el mensajero accidental que lo hace llegar a otros, lo conectan con Fluxus y el Mail Art y su carácter libertario porque es un proyecto abierto, sin cortapisas, que genera movimientos y complicidades para ocupar espacios intersticiales de lo cotidiano.

Poco a poco el libro va conteniendo realidades que funcionan a la vez como detonantes de otras nuevas. Y cuando ese recorrido llega a su fin: ¿qué ocurre? ¿a dónde van los libros, a quien pertenecen, que les aguarda?

El libro comienza otras vidas cuando termina el proceso de creación colectiva. Este proyecto cuenta ahora con un gran número de libros de arte colaborativos, algunos de ellos se expondrán en diferentes lugares, otros se le irán sumando en cada estación del viaje. Es difícil definir el papel de quien lo tiene en sus manos pues asumimos una posición activa, más que espectadores o lectores somos actores. Y estamos solos. En esa soledad es en la que los detalles pueden llegar a ser indicios de la multiplicidad de formas de ser y estar en el mundo, entre las cuales vamos construyendo la nuestra y estableciendo el nexo invisible con la soledad de quienes lo han creado (Bosch, 1998).

Al sumergirnos en las páginas-mundos, leemos lo visual y miramos lo textual, el libro nos interroga, re-creamos sus ambigüedades, vamos atravesando sus incontables capas de lectura; llegando a la obra bajo nuestras propias condiciones (Manguel, 2002). Introducimos en el libro otro tiempo, otro espacio; construimos significados y establecemos relaciones que disparan movimientos hacia atrás y hacia delante. Es un acto de comunicación y para que éste ocurra el libro tiene que salir a la luz. Ha de estar en una situación susceptible de producir diálogos.

El libro pertenece a todos los que lo han creado de forma plural y encadenada y a quienes transitan por sus universos. Lugares públicos, museos, escuelas, bibliotecas, cafés, museos, asociaciones de profesores como APECV… quien lance el proyecto debe asumir esa tarea de generador de comunicación y hacer que el libro siga su curso: se mire, se toque y se desplace física y/o virtualmente manteniendo así su carácter itinerante y colaborativo. Del mismo modo, quien lo acoge en sus manos y construye sus otras vidas puede compartirlas en el espacio público de referencia pues el libro de artista surge para aproximar el arte a la sociedad, es un médium que ofrece la posibilidad de crear una obra al alcance de la mayoría (Polo, 2011). Lo tienes en tus manos.

Jugando a la Mariola1 por las páginas-mundos del libro de C3

Nuevo en el país, estoy todavía en la fase en la cual todo lo que veo tiene un valor porque no sé qué valor darle. (…) Cuando todo haya encontrado un orden y un lugar en mi mente empezaré a no encontrar nada digno de observarse, a no ver más que lo que veo. Porque ver quiere decir percibir diferencias, y apenas las diferencias se uniformizan en lo previsible cotidiano, la mirada se desliza por una superficie lisa y sin puntos de apoyo. Viajar no sirve mucho para entender (…) pero sirve para reactivar por un momento el uso de los ojos, la lectura visual del mundo. (Calvino, 1984)

1El libro naranja está sobre la mesa. En la portada, un dibujo serigrafiado, un hombre con una cabeza rotunda, un ojo preciso, pelo y barba bien señalados, cuerpo aparentemente frágil pero con trazos muy seguros. Camina y el cayado que sostiene con ambas manos le sirve para impulsar sus pasos, como un remo. Una boina calada protege del sol su andar. De todas las edades que tiene, no sabría decir una: es mayor pero también es un niño. Podría haber sido tallado en el tronco de un árbol, en un lugar de paso ajeno a las miradas que no se toman un descanso pero es lo primero con lo que te topas cuando tienes el libro colaborativo ante ti, el territorio por explorar. Hinchado de papeles, con el lomo desvencijado, el libro se abre a mis ojos, tiranos, ansiosos, mientras las palabras todavía aguardan velando el tiempo, el tempo. Desconozco todo de este territorio: sus calles, sus plazas, sus caminos o sus ríos. Incluso quién lo habita y desde cuándo, sus voces, sus colores, sus sonidos.

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Muchas manos han tejido las ramas de las que cuelgan acertijos, gestos, huellas o finos capilares que alimentan constelaciones diluidas. El azul, el verde, el negro, el rojo o el ocre son la hojarasca, el refugio en el que conviven tantos mundos, en una espera interminable.

Interacciones con el propósito común de mostrar las diferentes visiones del arte que cada uno tiene desde la experiencia de artista, docente, investigador, paseante observador, poeta… Obra que comienza cuando alguien termina… y otro continúa. Tejidos contaminados de lo invisible y lo ausente que se tocan y se expanden en un caleidoscopio complejo. Y todo sucede a continuación, cada vez que giro el tubo hacia la luz y muevo las pequeñas piedras multicolor.

3No hay un plan ni un orden. Para huir de la costumbre y desempolvar mis prendas de inercias que ni yo sé que existen, cojo una piedra gastada del bolsillo y la lanzo sobre la mariola de las páginas-mundos.

Una o varias personas que se entregan a la deriva renuncian durante un tiempo más o menos largo a las motivaciones normales para desplazarse o actuar en sus relaciones, trabajos y entretenimientos para dejarse llevar por las solicitaciones del terreno y por los encuentros que a él corresponden. (Debord, 1958)

Es difícil re-conocer el terreno, la acción del azar es a veces conservadora y es preciso querer ver de otro modo, no basta con cambiar el rumbo. Dejarse llevar como si nunca antes hubieras estado en el lugar, como si fueras un caracol, una libélula o el musgo adherido a una pared. Dejar de ser para re-conocer. Dejar de saber para mirar.

4Una niña inventa un juego; inmersa en su quehacer intenta alcanzar los signos que hay en su cielo. Puntos suspensivos, coma. Pausas, espacios en blanco que parecen ir cayendo inevitablemente como la arena del reloj buscando una continuidad, un relato al que añadir un verbo, un adjetivo, un color. Pero vuelvo a mirar. Hay algo en el esfuerzo de la niña; una tensión muy grande que va de la punta de los pies a las manos abiertas que me hace pensar que puede ser ella quien está colgando signos en todos los cielos del libro, llenándolos de expectativa, de la ilusión silenciosa de lo que la palabra esconde.

5Letras, frases interrumpidas o textos velados transitan por las páginas como prendas ajadas y olvidadas. Autónomas, desubicadas, interrumpidas, agazapadas en el color, los recortes o la tinta… Las huellas de la escritura son ahora ruinas desgastadas, casas que se quedan sin paredes y muestran en el vacío lo que fue una escalera, el bosquejo de las ausencias una vez vidas. El ahora evoca siempre el pasado, aparece en los fragmentos, en los despojos. Y quisiera recoger, unir, entrelazar, inventariar cada signo para saber más de ti.

6Lanzo de nuevo la piedra y estoy aquí, en lo alto. Un vidrio me separa de la calle. Allí abajo sobre el cemento azul tormenta lleno de grandes charcos circulares el gato me descubre. No le importa mi presencia. Busca, sigilosamente, husmea los pecios de un barco que fue y tuvo un nombre: A a A a . –Que miras?- Y antes de que pueda responder que quisiera verme en sus ojos y buscar como él lo hace, se ha desvanecido entre las costuras. Va dejando un rastro que sigo como transeúnte de su devenir. Recorro surcos y pliegues, intersticios y suturas. Descubro mundos más pequeños en los mundos, preguntas y huellas, detonantes de memoria recreada. Caminos que no están en los mapas.

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Donde el azul se vuelve negro, donde la última luz metálica de la ciudad se hace fugitiva: el gato, los ojos, el infinito… viven.

8Quienes dibujamos no sólo dibujamos a fin de hablar de algo visible para los demás, sino también para acompañar a algo invisible hacia su destino insondable. (Berger, p. 17)

He visto cómo la tinta escribe, subraya, acentúa, araña, se vuelve vena, aroma de café, lengua desconocida, arena, se vierte por los mundos como una lluvia que cala, se hace pregunta extrovertida: vamos? Queremos cambiar? He visto cómo de ella surge el hilo, la madeja, el círculo, la frontera, el enlace, la herida, la muerte, el punto y aparte, la pauta huidiza, el mapa, el resquicio, el vómito, el árbol, el cielo y la montaña, el ropaje y la huella. He visto todo esto y no te conozco. He viajado por tus cabellos y tus manos y me he preguntado ¿quién eres?, ¿qué te ha traído hasta aquí? No espero acuse de recibo. Las preguntas atraviesan el espejo de Alicia y soy parte de todo lo que he visto y lo que no está. Me has hecho como soy ahora.

9Un fósil de miles de años, el tronco de un árbol, una foto antigua, el garabato en una esquina de un periódico o el saludo que dibujas con la mano desde la ventanilla del coche, son expresiones del tiempo, síntesis trazadas de un viaje y una parada.

Los pétalos secos, los individuos-hoja no son pasado, son ahora al tocarlos, se conectan con mis dedos a través de la piel cuarteada, dibujada de anillos y rutas de todas las vidas y cuerpos que me ha tocado sentir.

El sobre: entre tu tiempo y el mío; el taller: espacio físico y mental sin medida de tiempo pero en discordia con El Tiempo; 1895 son segundos hacia atrás como sentarse junto a un tronco centenario, como leer en la biblioteca destruida, respiras junto al tiempo. El ojo es álbum poblado que ensambla “hace un minuto” y lo que “veré mañana”.

Cierro el libro. Estoy a la intemperie.

10He visto tanto, he mirado tanto, que necesito ahora replegarme, encaracolarme, y ser un poco yo mismo después de haber sido tantas cosas en este año que ha pasado. (Cortázar, 1954)

Un árbol azul mece sus ramas chillonas. Toco los surcos del tronco y las heridas de navajas apresuradas: nombres, fechas… Me abrigo con la hojarasca, los álbumes, los mundos. Entre las ramas, el brillo fluorescente de unos ojos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ANTÓN, J.E. y GÓMEZ, A. Libros de artista. Un género que renueva el mundo visual, Psicología y anatomía de la creatividad. <http://www.scribd.com/doc/3928728/Libro- de-Artista> [Consulta: 9 de marzo de 2017]

BERGER, J. (2012). El cuaderno de Bento. Alfaguara, Madrid

CALVINO, I. (2002). “La señora del quimono violeta”, en Colección de arena (1984). Siruela, Madrid

CORTÁZAR, J. Carta (1954) en Ler imaxes. O arquivo fotográfico de Julio Cortázar (2006) Xunta de Galicia, Santiago de Compostela

DEBORD, G. (199). Teoría de la deriva, en Internationale Situacionniste (nº 2), 1958 <http://www.ugr.es/~silvia/documentos%20colgados/IDEA/teoria%20de%20la%20deriva.pdf>%5BConsulta: 5 de marzo de 2017]

POLO PUJADAS, M. (2011) El libro como obra de arte y como documento especial, en Anales de Documentación, vol. 14, nº1 <http://revistas.um.es/analesdoc/article/view/120151>[Consulta: 9 de marzo de 2017].

BOSCH, E. (1998). El placer de mirar. Actar, Barcelona

MANGUEL, A. (2002). Leer imágenes: Una historia privada del arte. Alianza Editorial, Madrid

1 Mariola: una de las denominaciones con las que se conoce en Galicia el juego infantil de la rayuela. Julio Cortázar recogió en el cuaderno de bitácora de su obra Rayuela esta denominación tras realizar un viaje a Galicia. La obra de Cortázar, así como las numerosas cartas en las que reflexiona sobre la mirada han sido una referencia clave a la hora de construir este viaje.

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